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Entrevista de La Verdad a nuestra Gerente Silvia Serrano “Misionera a pie de calle”



Educadora en diabetes

Renunció a un mejor sueldo en la CAM para dedicarse a la Asociación murciana de Diabéticos. Inspirada en la madre Teresa de Calcuta («Si haces el bien te acusarán de tener motivos egoístas: haz el bien de todas maneras») la carmelitana Silvia Serrano tenía vocación misionera. A los 19 años, cursando 2º curso de Económicas, se le detectó diabetes. La enfermedad cambió su vida hasta el punto de que focalizó su vocación en ayudar a los diabéticos, en enseñarles a convivir con la enfermedad y, también, en gestionar ayudas y reivindicar mayor inversión investigadora para combatir la diabetes cuyo día mundial se celebra el próximo jueves, aunque en Murcia le dedicarán toda la próxima semana con pruebas a pie de calle, a las puertas de El Corte Inglés.

-O sea que la diabetes se apoderó de usted&hellip.

-Completamente. He sacado lo mejor de la diabetes.

-¿No se le cayó el mundo cuando le dijeron que es diabética?

-No. Me sirvió para entender mejor la vida y valorar más a mis amigos y familia, porque me di cuenta del apoyo incondicional que tuve. Progresivamente fui valorando más las cosas pequeñas, los afectos y el ser utilidad para mejorar un poquico la vida de los demás, especialmente la de los diabéticos, que es mi especialidad.

-¿Es lo que le motiva?

-Me motiva ser útil y en ese sentido mi trabajo es muy gratificante porque es creativo, siempre enfocado a que se vea la diabetes con normalidad.

-Ya se ve con normalidad.

-Relativamente. Todavía sucede que en una entrevista de trabajo cuando dices que eres diabético guardan el papel y responden: 'bueno, bueno, vamos a pensarlo'.

-¿Y eso?

-Porque entre tantos a elegir se quedan con el que no tiene diabetes.

-Pero si estás controlado y te pones insulina puedes hacer vida normal ¿no?

-Pues sí, pero los empresarios. Bueno la gente que no conoce la diabetes puede pensar que vamos a fallar en el trabajo. Y eso no es así, nosotros no somos discapacitados ni nos sentimos enfermos.

-Un amigo mío, diabético y muy trabajador, dice 'yo soy dulce'.

-[Ríe] Efectivamente somos muy dulces, aunque tenemos un carácter también que no veas&hellip. [Risas] Pero sí que es verdad que no nos tienen que privar de nada, ni siquiera del deporte de alto riesgo. Tenemos una chica diabética que se ha ido de expedición al Everest. La primera conferencia que dé cuando vuelva será en Murcia para que los jóvenes aprendan que se puede hacer y que cada uno tenemos nuestro particular Everest ahí fuera, en la vida normal, y podemos desarrollarnos de la forma que queramos, que la diabetes nunca va a ser una limitación, salvo que tú te pongas los límites.

[En efecto, a menudo nos ponemos límites psicológicos que nos impiden conseguir algo. No parece ser el caso. Silvia derriba esos límites. La diabetes no le supuso un prejuicio sino que le sirvió para reafirmarse en sus valores. Su vida de diabética no le impide trabajar muchas horas para después estudiar con sus hijos -«e incluso aprender de ellos»- porque considera que la comunicación es el eje principal de la vida. «Si no somos capaces de comunicarnos y nos volvemos herméticos, nos deshumanizamos», afirma Silvia, quien durante la charla se desenvuelve con seguridad en sus convicciones, que no impone, y dosis de humildad no forzada que dejan al descubierto su alejamiento de miedos a la hora de acometer una empresa.]

-¿Cómo es su día a día?

-Nuestro día a día es ocuparnos de enseñar al diabético, de concienciar a la sociedad, apoyar la investigación y reivindicar que haya más investigación.

-¿Porque falta investigación sobre la diabetes?

-Pues. [Duda] Se avanza, pero aún no se ha descubierto una curación y también es verdad que en los tiempos que corren cada vez se invierte menos en investigación. Es lo que menos me gusta de la sociedad: el poco valor que se le da a la educación y a la sanidad. Se trata la enfermedad, pero no se le enseña a los diabéticos para que sean capaces de autogestionar su diabetes, que es lo que hacemos en la asociación, para que ellos mismos dependan menos de tener que asistir al médico o de que le surjan complicaciones en el futuro.

-No hay planteamientos de futuro, quiere decir.

-Los políticos no se lo plantean a largo plazo, quizá porque ellos no van estar ya. Pero yo sí. Y a mí, a lo peor me tienen que amputar una pierna o hacer diálisis o quedarme ciega. Pero si ahora me dan los medios se evitarán males mayores y gastos mayores también. Es un problema de los gestores sanitarios. No de los médicos ni de los enfermeros, ni muchísimo menos. En la sanidad murciana los gestores no saben motivar los valores de su personal al que, digamos, están haciendo la vida poco agradable. Así el sanitario va, cumple y se larga porque se siente infravalorado. Yo lo veo así. Yo hablo con enfermeras que me dicen que no van a cursos de formación porque no les dan los días, se los tienen que reducir de sus vacaciones. Si no les apoyan para que se formen, para que desarrollen una carrera profesional, si no valoran su trabajo y sus deseos de avanzar, el trabajador se deprime. No quiero entrar en política, pero esta mala gestión hace que todo se deteriore.

-¿En qué lo nota el diabético?

-En que no hay programas de educación. Ter dicen: ahí tienes la insulina, póntela. Pero no te enseñan a gestionar tu propia enfermedad, a saber en cada momento qué insulina te tienes que poner, cuándo hacer ejercicio, qué tipo de ejercicio, en definitiva tener una asesoramiento y control médico detrás, que es lo que hacemos en la Asociación, parcheando todo lo que la Administración no hace.

NOTICIA. LA VERDAD DE MURCIA - PRENSA PAPEL

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